Carlos me sonrió con ternura.
—Aurora, este año no te he dado nada. Elegí esto especialmente para ti; dime si te gusta.
A estas alturas, cualquier detalle de Carlos ya no me provocaba nada, pero tenía que sostener la farsa. Fingí sorpresa y sonreí:
—¿Todavía te acordabas de comprarme regalos?
Carlos se rio y me despeinó con cariño.
—Claro. Eres mi hermana preferida, ¿cómo te iba a olvidar?
Camila blanqueó los ojos, con desprecio.
Sonreí, abrí el estuche y encontré una pulsera delicada de diamant