De inmediato tomé a Carlos del brazo y, con una sonrisa, le dije:
—Mira, mira, cómo se pone tímida. Carlos, ni se te ocurra devolverle el teléfono, o seguro borra la publicación. Parece que le preocupa que cierta persona vea lo feliz que estás con ella.
Carlos se rio con torpeza, miró de reojo a Camila y guardó el celular en el bolsillo.
Camila, furiosa, le gritó:
—¡Devuélveme el teléfono! ¡No lo iba a borrar!
Yo lo jalé rápido hacia la cocina.
—Carlos, ven, vamos a preparar la cena. Me muero de