El corazón me dio un salto. Pensé que era Mateo; sin mirar la pantalla, me llevé el celular al oído.
Pero, en el siguiente segundo, escuché la voz furiosa de Alan.
—Aurora Cardot, no tienes corazón. ¿En serio te ibas a casar tan pronto con ese Javier? ¡Ja! Con razón estabas tan apurada por divorciarte de Mateo… resulta que no podías esperar para casarte con ese tipo. He conocido mujeres crueles, pero como tú, ninguna. Por un amante fuiste capaz de abandonar a tus propios hijos. ¡Qué asco! Si fue