Después de pensarlo un momento, volteé hacia Camila y le dije, con una sonrisa:
—Camila, mira, mi hermano te compró tantas cosas lujosas, ¿por qué no subes algo a tus redes para presumir un poco?
Camila se quedó pasmada y, luego, se rio de la sorpresa:
—Eso… ¿qué hay que presumir de esto?
—No digas eso. Si no recuerdo mal, antes te fascinaba mostrar lo que te regalaban —bromeé, con una sonrisa tranquila—. ¿Recuerdas? No importaba lo que Mateo te comprara, tú lo publicabas enseguida. ¿Cómo es que