Ja, ja, ja, ese hombre parecía cualquiera menos el papá que yo conocía.
Recordaba que cuando empezó a decaer, trataba a mi madre con una arrogancia insoportable; la mandaba como le daba la gana.
¿Cuándo había sido tan sumiso antes?
Dios... tenía que descubrir el secreto entre mi padre y Camila.
Con una mirada decidida, me acerqué a Camila y le dije:
—¿Qué pasa, Camila? Mi padre siempre ha sido amable contigo, ¿por qué de repente lo tratas así? Después de todo, él es un mayor.
Mientras hablaba c