Javier quedó desconcertado un momento, y le preguntó al grupo:
—¿Qué pasa?
Alan sonrió:
—Nada. Vengan, vamos a brindar. No todos los días Mateo prepara una cena tan grande. Si no comemos, se va a desperdiciar.
Mateo me miró un instante, me tomó la mano y me llevó de vuelta a la mesa.
Javier bajó la mirada y también se sentó.
Después de una pausa, dijo con sinceridad:
—Perdón. No sabía que Camila iba a venir. No imaginé que iba a arruinar el ambiente.
Alan se rio con sarcasmo.
—Eres un gran herma