—Je, je, ¡padrino, también viniste! —Luki le tomó la mano a Alan y saltaba de emoción.
Embi, mirando hacia arriba, agregó:
—Padrino, ¿dónde estuviste? Hace mucho que no te veía. ¡Te extrañé muchísimo!
Alan sonrió y les revolvió el cabello con cariño.
—El padrino les trajo regalos de Navidad. Vamos, vengan conmigo a buscarlos.
Luego los llevó hasta el baúl de su carro.
Sonreí; en el fondo, no pude evitar pensar en que si Alan y Valerie tuvieran hijos, iban a ser igual de adorables que los míos.
E