Le respondí, con una sonrisa sarcástica:
—¡Vaya, qué coincidencia!
Carlos me miró un segundo y luego se inclinó hacia Camila para decirle en voz baja:
—No hables más, descansa bien. Cuidado con abrirte la herida otra vez.
—¿Y cómo voy a quedarme callada? —dijo Camila, con una sonrisa burlona.
—Pues Aurora no viene a verme todos los días, ¿o sí? Tengo que aprovechar para charlar con ella. ¿Verdad? Ah...
De repente, un quejido de dolor salió de su boca.
Miró a Javier, que en ese momento le cambiab