Capítulo 1179
En cuanto contesté la llamada, solté toda la rabia que traía:

—Waylon, ¿qué demonios quieres de mí?

Desde el auricular, su risa me erizó la piel.

—Vaya, sí que tienes paciencia. Por fin te dignas a responderme.

—Mi paciencia, sí, pero nada comparada con la tuya —respondí con sarcasmo.

—Te pasaste una semana entera mandando regalos y llamando diario. Vaya insistencia la tuya, señor Dupuis.

—No tengo remedio —respondió con tono burlón.

—La culpa es tuya, eres una mujer interesante. No he podido sa
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