Alan respondió:
—No te preocupes por mí, en serio —dijo, mirándonos a Mateo y a mí—. Cuando fui a buscar a Camila para vengarme, ya no me dejé salida. Lo único que me pesa es no haber podido matar a esa mujer. No pude vengar a Valerie.
—Ya hiciste bastante —le dije, con una sonrisa—. Si hubiera sido yo, quizá no habría tenido ese valor.
Alan sonrió un instante, aunque seguía con los ojos rojos.
—¿No tienes coraje? —respondió, con sarcasmo—. Recuerdo que hace cuatro años eras más impulsiva que yo