Capítulo 1151
Me puse un poco tímida y bajé la mirada.

Los prejuicios que uno se hace son como una montaña. Aunque él es apasionado, no había llegado a tanto como para… en la oficina. En realidad, quizá yo fui la que pensó mal y lo juzgó injustamente.

Mateo me miró con ternura. Tenía la mirada limpia y clara. Me dio más vergüenza todavía: ¿cómo podía mi mente imaginar cosas inapropiadas?

Bajo su mirada dulce, le acerqué el tupper de comida.

—Ahí, te traje la cena, la hice yo. Cómela mientras esté caliente.

—E
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