Provocar a Bruno no les iba a servir de nada. Lo más probable era que el objetivo fuera el otro.
Con eso en mente, le pedí a Mateo que sumara más guardias para vigilar a Alan.
En esos diez días, Mateo estuvo tan ocupado que prácticamente vivía en la oficina. Hoy, por fin, regresó a casa conmigo porque le llevé la cena. Cuando terminó todo ya eran las diez de la noche. Yo me quedé dormida un rato en su despacho, así que estaba despejada, pero él se veía agotado.
Se recostó en el asiento del copil