No sé si era por el frío o por la rabia, pero empecé a temblar sin parar.
Miré a Mateo con los ojos llenos de furia y le grité:
—¡Lo rompí a propósito! ¡Ustedes son unos sin vergüenza, unos mentirosos!
—Mateo, si me odias tanto, ¿por qué no me matas de una vez mejor? Esto de jugar conmigo junto a tu abuela... les parece gracioso, ¿no es cierto?
—¡Eres un buen actor después de todo, y tu abuela es aún peor! ¡Qué asco me dan!
—Aurora —gruñó Mateo entre dientes, con una cara tan amenazante que pare