—Me alegra escuchar eso —le dije mientras le apretaba la mano.
—Claro que odio a Camila. Me dan ganas de destrozarle la vida. Antes, cuando no tenía nada, podía arriesgarlo todo, pero ahora no. Ahora te tengo a ti y a los niños. Soy feliz y no vale la pena sacrificar esa felicidad peleando con ella. Lo que más quiero es que los que están a mi lado estén sanos y a salvo. Prefiero que la justicia se encargue de Camila.
Mateo apretó mi mano y sonrió.
—Tranquila, no voy a actuar por impulso.
El prob