—Entonces vámonos, regresemos a casa —dije, sonriendo.
Mateo me sostuvo la mirada un buen rato y luego asintió:
—Está bien, volvamos a casa.
Después de tanto aplazarlo, cuando por fin salimos hacia el centro de la ciudad, ya estaba cayendo la tarde.
Estoy segura de que, de no ser porque esa noche teníamos que ir a la fiesta que organizó Samuel, Mateo habría querido que nos quedáramos una noche más.
Ese día el rodaje de la película de Valerie se dio por terminado.
Por eso Samuel armó una fiesta e