Sentí su respiración junto a mi oído, y cada vez se volvía más pesada.
No sabía qué pasaba por su cabeza.
Lo miré seria y le dije:
—No importa quién lo tenga, si el niño es tuyo, ya sea conmigo o con Camila, va a ser el bisnieto de la abuela Bernard, así que mejor deja que sea ella quien te ayude con ese problemita.
Un niño nacido del cariño de dos personas es el reflejo de ese amor, algo que se espera desde el inicio.
Pero uno nacido del odio, como el mío, sería una carga, jamás sería deseado p