—Entonces, ¿todavía no piensas volver conmigo? ¿Vas a seguir insistiendo con lo de Javier? Lo de hace rato fue solo porque no aguantaste las ganas y terminaste acostándote conmigo...
De repente, Mateo puso un dedo sobre mis labios y me miró, sonriendo.
—¿Sabes lo que acabas de decir?
Volteé la cara, enojada.
—No. No quiero escuchar nada.
Entonces Mateo me acercó hacia su pecho y se rio un poco.
—¿Crees que no dije nada por eso?
No le contesté. Aunque no pensara en eso, seguro no era nada bueno.