Capítulo 1042
De repente, empecé a llorar.

El pecho me dolía tanto, como si alguien me estuviera pisando el corazón.

—¡Siempre te crees con derecho a decidir por los demás! —le dije, entre sollozos.

—Ya quieres dejarme. Quieres alejarte. ¿Y yo por qué me voy a preocupar por ti? ¡Qué risa! Te lo digo claro: ¡yo solo me preocupo por los niños, no por ti!

—Cof... cof... —escuché a Mateo tratar de contener su tos.

Su respiración sonaba agitada y nerviosa.

Apreté el celular sin darme cuenta. Después de un rato hab
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