Mateo bajó su mirada penetrante hacia mí, pero habló tranquilo:
—No te preocupes, yo me encargo de ellos.
Luki me limpió las lágrimas, me dio un beso y dijo:
—Al principio queríamos que mamá viniera con nosotros, pero papá dijo que mamá no se siente bien últimamente. Mamá, tienes que cuidarte mucho y, cuando regresemos, Embi y yo te vamos a llevar un regalo.
—Sí, mamá, ¿qué te gustaría? Yo le digo a papá que te lo compre —dijo Embi, me abrazó el cuello, apoyó su cara en mi mejilla y me habló sua