En cuanto lo dijo, Camila empezó a llorar, haciéndose la víctima.
Carlos se desesperó, corrió hacia ella y, nervioso, intentó explicarse:
—Camila, no es lo que piensas, no dudé de ti. Fue Aurora, ella malinterpretó todo. Esto es un malentendido, no te pongas así, no te enojes conmigo.
Cuando escuchó eso, Camila volteó a verme.
—Así que eras tú, Aurora.
Con la cara cubierta de lágrimas, actuaba como si estuviera muy dolida, como si yo la hubiera maltratado.
—Sé que nunca me quisiste, pero no hací