Narra Beatriz.
Un terrible mes ya había pasado desde la primera sesión de quimioterapia. Ahora, la vida para nosotros había cambiado drásticamente.
Estábamos transitando entre una semana estando en el hospital y una semana en casa. Eso, sumado a mis casi seis meses de embarazo y otro pequeño a quien atender, resultaba un coctel para nada atractivo, y el mayor precio lo pagaba mi espalda que me mataba de dolor.
En ese mes, aprendí a llevar esta enfermedad de la forma esperada. Hablé mucho con Ca