Siempre tuyo

― Papi, papi, ¡Feliz cumpe! ― Y se trepó en Stefano . En ese momento se percató que sus abuelos estaban en casa.

― ¡Abuelitos! ― gritó, saltando de los brazos de su papi, a los de Gerard.

― Mía, ¿Cómo estas, pequeña? ― preguntó mi papá, mientras la giraba en el aire.

― Basta abuelo… que me estoy mareando ― mi padre paró bruscamente el juego y la dejó sobre la mesa.

― ¿Estás bien, mi niña? ¿Te sientes bien? ¿Quieres que vayamos al doctor? ― la cuestionó, asustado.

― No abue… pero no me gire
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