Después de que los invitados se fueran, ayudé a Beatriz a levantar las tazas de café que habían quedado en el living.
― Cielo, mañana vienen mis padres ― comentó mi diosa.
― Ah… no lo sabía ― respondí sorprendido, y no podía negar que el último encuentro que había tenido con Gerard no era de lo más emocionante, o emotivo. Era todo un fiasco, él me odiaba y con justa razón. Pero lo soportaría porque sabía que mi princesa necesitaba a sus padres cerca. Al fin y al cabo, tendría que acostumbrarme