Mundo ficciónIniciar sesión"Le dije al cielo que te fuiste y empezó a llorar". Esa frase, esa melodía, esa letra. ¿Por qué somos tan débiles cuando nos enamoramos? ¿Por qué aún no puedo olvidarte? ¿Por qué todo estaba en contra de nosotros? ¿Por qué nos importa tanto lo que piensan los demás? ¿Por qué no pudimos dejarnos llevar por lo que sentimos? ¿Por qué sigues en mi mente, incluso cuando trato de alejarte? Quité los auriculares, y la última frase de la canción me dejó sin aliento: "¿Por qué yo no puedo respirar sin ti?" Mi playlist se detuvo en ese instante, esa frase quedó flotando en el aire, y el silencio me envolvió. En ese momento, mi celular vibró, y un mensaje de Flor apareció en pantalla: "Su vuelo sale en dos horas, ¡aún no es tarde, Nahya! Hazlo." Tomé una decisión sin pensarlo demasiado. Me puse el abrigo, salí a la lluvia que caía a cántaros, sin importarme el frío ni el caos del mundo. Tomé un taxi, pero el tráfico estaba atascado. Cada segundo que pasaba, el miedo de llegar tarde crecía en mi pecho. Cuando finalmente llegué, corrí con todas mis fuerzas, pero cuando llegué al aeropuerto… ya no estaba. Tal vez este era nuestro destino.
Leer másNahya (Presente - invierno)
—¡Nahya! —el grito cortante hizo que levantara la mirada de inmediato, sintiendo un cosquilleo de ansiedad en el pecho. «Solo dos horas más», pensé. Me dirigí a la mesa, y allí estaba, el cliente pesado de toda la semana. Suspiré, tratando de calmarme. Había sido un día estresante y no me sentía del todo bien. —Buenas noches, ¿qué desea ordenar? —Mi voz apenas se escuchó sobre el bullicio del café. —¿Tú otra vez? —dijo, frunciendo el ceño—. ¿Qué... no hay otra persona que me atienda? —Un suspiro pesado escapó de mis labios, pero lo contuve—. Lo mismo de siempre y rápido. Tengo hambre. <(POV: ELARA)Crecí creyendo que el amor verdadero era algo normal, no porque lo hubiera leído en libros ni visto en películas, sino porque vivía en mi casa. Porque lo veía cada mañana en la forma en que mi padre miraba a mi madre cuando pensaba que nadie lo notaba. Porque estaba en los silencios cómodos, en las discusiones breves que siempre terminaban con una sonrisa, en la manera en que sus manos se buscaban incluso después de tantos años.De niña pensé que todas las familias eran así; a medida que fui creciendo, entendí que no y hoy de adulta comprendí el privilegio que había tenido frente a mis ojos toda mi vida.Mis padres no tuvieron una historia fácil, claro que no. Hubo distancia, hubo errores, tiempo perdido, heridas… pero nunca dejaron de elegirse. Y ahora que he crecido lo suficiente para conocer lo frágil que puede ser el mundo, sé que eso fue lo verdadero: no que se amaran, sino que siempre regresaran el uno al otro.A veces me preguntan si creo en el amor eterno, solo so
(POV: Nahya)Cerré el libro con un suave crujido, el sonido del papel grueso al encontrarse. Nuestro destino descansaba en mis manos, no solo por el número de páginas que lo llenaban, sino por la verdad que contenía. Cada palabra, cada escena, cada lágrima que había derramado mientras lo escribía ahora parecía susurrarme al oído, recordándome todo lo que habíamos vivido.Me acomodé en el sofá de la sala, dejando que la luz tenue de la chimenea acariciara la habitación. Mis dos hijos menores, de siete y cinco años, dormían profundamente, acurrucados bajo sus mantas. Elara, en cambio, permanecía despierta a mi lado. A sus diecisiete años, su mirada ya no era la de una niña que escucha un cuento, sino la de alguien capaz de comprender el peso de una historia real. Sus ojos brillaban, pero no de fantasía… sino de emoción contenida.—Mamá… —dijo en voz baja.—¿Sí? —Bajó la mirada un instante, pensativa, como si eligiera con cuidado sus palabras.—Lo que vivieron ustedes… —murmuró—. ¿De ver
(POV: Nahya)El aire estaba cargado de voces, risas medidas y el murmullo constante de Manhattan filtrándose por los ventanales de la recepción de la editorial. Todo era blanco, elegante, perfectamente calculado, yo solo sonreía, la sonrisa exacta, la Nahya que el mundo esperaba.—Nuestro destino hablará de elecciones —decía, con voz firme, a un agente literario—. De lo que estamos dispuestos a sacrificar para no traicionarnos a nosotros mismos.Nadie sabía que cada palabra me atravesaba como una confesión disfrazada y entonces, mi cuerpo reaccionó, no fue intuición, fue memoria. Un peso seco en el pecho, un vértigo repentino. Como si alguien hubiera pronunciado mi nombre desde muy lejos, en un idioma que solo yo entendía, giré la cabeza y el mundo se partió en dos. Era…Tyler.No el recuerdo que había aprendido a dominar, no el chico de Australia, ni el fantasma enterrado bajo páginas. Era un hombre, más alto, más ancho, más cansado. Con los hombros cargados de años que yo no había vi
(POV: Nahya)Tres años… tres años habían pasado desde que llegué a Nueva York con el corazón roto y la culpa clavada en el pecho. Aquella chica de veintiún años no huía de la fama ni del ruido externo, llegaba arrastrando el dolor de haber perdido al gran amor de su vida y cargando la ansiedad más feroz que había conocido. Estaba asustada, sí, pero sobre todo estaba devastada, ahora tenía veinticuatro, un best seller a mis espaldas y mi propio apartamento.La mudanza era mucho más que física: era simbólica. Dejar la protección incondicional de mi padre y de Sofía, y también a Naychel, significaba aceptar que ya no podía apoyarme en ellos como antes. Ya no era la Rapunzel que se escondía tras las paredes de un hogar seguro, era una mujer enfrentando la adultez con las manos desnudas, aprendiendo a sostenerse sola en una ciudad que no perdona, pero tampoco olvida.El departamento era pequeño, pero suficiente. Con ventanas que dejaban entrar la luz de Manhattan, paredes blancas listas pa





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