(POV: Nahya)
Cerré el libro con un suave crujido, el sonido del papel grueso al encontrarse. Nuestro destino descansaba en mis manos, no solo por el número de páginas que lo llenaban, sino por la verdad que contenía. Cada palabra, cada escena, cada lágrima que había derramado mientras lo escribía ahora parecía susurrarme al oído, recordándome todo lo que habíamos vivido.
Me acomodé en el sofá de la sala, dejando que la luz tenue de la chimenea acariciara la habitación. Mis dos hijos menores, de