Capítulo 28
Después de que logré llegar a casa, apenas pude mantenerme en pie. El cansancio me golpeaba como una ola interminable y, aunque intentara aparentar fortaleza, mi cuerpo seguía sintiendo los rastros de la sedación que me mantuvo a merced de ese enfermo durante días. En cuanto crucé la puerta, Mía me preparó un té relajante especial, algo que ella siempre hace cuando estoy al borde del colapso. Lo bebí sin protestar, porque sabía que después tendríamos que ir al hospital a hacerme un chequeo compl
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