Después de un largo descanso, Alía abrió los ojos cuando la luz del amanecer apenas rozaba las cortinas. Se sentó en la cama con un suspiro, el corazón todavía pesado por todo lo ocurrido el día anterior. Miró el techo y repasó cada detalle: los gritos, los flashes de las cámaras, el rostro crispado de Tamy y la mirada protectora de Samuel cuando la abrazó frente a todos.
Soltó un pequeño bufido, aunque en sus labios se dibujó una sonrisa torcida, casi siniestra.
—¿Esa mujer piensa que puede ga