Alía, Samuel y Sofía iban juntos en el coche. El ambiente era una mezcla de alivio y sobresalto: todos todavía digerían lo que había pasado en el set. Samuel estaba tenso; el recuerdo de Tamy en el suelo, humillada, ardía en él como una advertencia. Al mismo tiempo, sentía una extraña gratitud por la fuerza de su amiga: ver a Sofía defender a Alía le había provocado un alivio primario, casi feroz. Había algo en la lealtad de esa mujer que le daba paz.
Alía sonrió al ver a Sofía furiosa; la risa