—¡Corten! Quedó listo, muchachos. Lo hicieron bien y en una sola toma
—anunció el director, mientras el equipo aplaudía.
Respiré aliviada, tratando de relajar los hombros. La escena me había drenado, y no precisamente por la actuación. Sentía la piel arder todavía por la cercanía de David. Seguía abrazándome, como si el guion no hubiese terminado.
—¿Por qué te casas con él? —preguntó, con una voz tensa, casi temblorosa—. ¿No te acuerdas de lo mucho que me gustas? ¿Por qué me hacías hacer todas