- ¿De verdad crees que Ariane no hará una jugarreta?.- Chantal preguntó en voz baja a su marido, mientras movía el líquido burbujeante en su copa.
Llevaban rato observando a todas las personas que llegaban y comenzaban a inquietarse al ver que la pelinegra no aparecía por ningún lado.
- Si quiere las cosas de su madre tendrá que abstenerse de cometer una estupidez.- Albert se llevó la copa a los labios y bebió el contenido de un solo trago.
- ¿De verdad se las darás?.- La rubia apretó sus manos en puños, molesta.
- ¿Y de qué me sirven a mí?. No puedo venderlas, tampoco puedes usarlas, pues si Ariane descubre que no tenemos nada que nos identifique como sus dueños, puede acusarnos de robo.
- Si tan solo Marcel no fuera tan imbécil...
- Amaba a Adelyn... El amor lo volvió imbécil.- Tomó otra copa y bebió el licor en su interior como si fuese agua.
Nunca amó a Adelyn, pero tampoco le era grato saber que otro hombre estaba interesado en su mujer.
¿Lo peor?. Al final ella había decidido co