Dominic
—Amanda, deja de jugar. ¿Estas enferma o no? —no puedo entender lo que dice, creo que ahora si la desespero, pues se da media vuelta y camina al baño.
—No, no estoy enferma y dejame en paz.
Cierra la puerta tan fuerte que la señora corre a donde estamos, su cara de preocupación se convierte en una sonrisa.
—Así me puse yo, cuando tuve a primer hijo. Ya para el segundo todo es más tranquilo.
Me da unas palmaditas en el hombro y regresa por el pasillo. Ni tiempo me dejó para acla