El lujoso departamento de River de la Rua olía a una mezcla de tabaco caro y un perfume floral demasiado intenso. Alma estaba sentada en el borde de la cama de seda, terminando de abotonarse una camisa de seda negra que no le pertenecía. A través del espejo, observaba a River, que servía dos copas de cristal con un coñac que costaba más que la vida de cualquier hombre en los muelles.
River se veía victorioso, pero impaciente. Había algo en su mirada que delataba que su obsesión con Yestin est