El odio de una mujer que se siente acorralada es una de las fuerzas más destructivas del mundo, y Alma estaba en ese punto donde ya no le importaba quemar el bosque entero con tal de ver a los demás arder. Caminaba por las calles aledañas a la empresa de Castiel con los tacones golpeando el pavimento con una furia sorda. Se sentía humillada, sucia, pero sobre todo, rabiosa. Su hija la había amenazado con ese maldito de Armani, y el yerno, el "gran" Castiel, la había tratado como a una basura de