36. Desconocida paz
Jaxon sorprendido, frunció el ceño, remembrando vagamente algunos momentos de su infancia. —No recuerdo eso. Yo sólo recuerdo que tú no jugabas mucho con nosotros.
No pudo contenerse, se carcajeó, mientras se acomodaba para quedar frente a él. ―Ah, no, no jugábamos. Yo era la pequeña pesada que siempre quería unirse a sus juegos ―fue su forma de reclamarle.
Jaxon manutuvo el ceño fruncido, pensativo. ―De verdad, no lo recuerdo. Sólo sé que de repente te volviste muy... sarcástica. Y que siempre