16. La noche de los deseos
Jaxon, con una mueca divertida, se acercó a Alba con paso firme. No quería ser demasiado invasivo, así que optó por una demostración de afecto controlada: la tomó de la mano, tirando suavemente de ella para acercarla y abrazarla por un instante, dándole un beso en la coronilla.
—¡Ay, qué monos! —exclamó Carmen a punto de soltar un comentario más empalagoso.
Jaxon, anticipándose, intervino: —Vamos a dar una vuelta, a ver los puestos. ¿Les parece?
Aunque Carmen y Manuel se mostraban más entusiasm