—¡Raina, de veras que te la volaste! ¡Estás cañona, el plan es una joya! —exclamó Julieta, sintiendo que por fin podía respirar de nuevo.
Al escuchar la idea, Carla y Hugo se miraron, y por sus caras se veía que no cabían del gusto.
Hugo asintió con mucho orgullo y fue el primero en echarle flores:
—¡Vaya sorpresita! Nos salieron bien fregonas las nueras para los negocios.
Iván, que se sentía el hombre más suertudo del mundo al oír a su papá hablar así de su mujer, no se aguantó y jaló a Raina