Cuando Raina salió del baño, Iván estaba medio recostado en el cabecero de la cama, leyendo. Llevaba unas gafas sin montura que lo hacían verse menos amenazante.
Aun así, el corazón de Raina latía tan rápido que parecía fuera de control.
Estaba lista para todo, pero entre decidir y hacer hay un trecho. Además, ¿cómo podía ella tomar la iniciativa en algo así?
—¿Planeas quedarte ahí parada toda la noche? —Iván alzó apenas la mirada, y sus ojos profundos se clavaron en ella, como viendo a través d