Iván se acercó con toda la seguridad, sin que le importaran lo más mínimo las miradas de sorpresa de los demás.
—¡Pero qué milagro, señor Franco! señor Daniel... —soltó Iván con un cinismo que se notaba a leguas.
—Sí, un milagro de esos —respondió Jayden, con el sarcasmo goteando en cada palabra.
—Raina, nos volvemos a encontrar —dijo Iván, clavándole la mirada.
A Raina le daban unas ganas tremendas de acomodarle un golpe ahí mismo. ¡Coincidencia ni qué nada!
Que la hubiera seguido hasta Solara