Marta se había dejado esas cicatrices a propósito.
Cuando se las hicieron, Raina solo le dijo que fuera al doctor, pero ella no le hizo caso.
Sabía que, tarde o temprano, esas marcas le iban a servir de algo.
Y ese día era hoy. Marta no le quitaba el ojo de encima a Milena: vio cómo primero se quedaba helada y luego una sombra de angustia le nublaba la cara. Marta sabía perfectamente lo que estaba haciendo... sabía qué botones apretar.
Había investigado a Milena de arriba abajo. Sabía que ella