—Raina, ¿todavía no sabes nada de esa persona?
Raina estaba acompañando a su abuela a tomar un poco de sol cuando la anciana soltó la pregunta.
—Nada todavía —respondió Raina, recostándose en el hombro de su abuela—. Pero bueno, no tenemos prisa, ¿verdad?
Aunque lo decía de dientes para afuera, por dentro la carcomía la angustia. El simple hecho de que su abuela tocara el tema la ponía de los nervios.
—Tienes razón, no hay prisa. Si ya esperamos más de veinte años, qué tanto es tantito... —esas