—¿Te pasa algo?
De regreso a casa tras la cena, Iván no tardó en notar que Raina traía algo entre ceja y ceja.
—No, nada. Solo estoy pensando —respondió ella, clavando la mirada en la oscuridad que pasaba tras la ventanilla, mientras las palabras de Julieta y Román le seguían dando vueltas en la cabeza.
Iván le tomó la mano con suavidad.
—¿Y se puede saber qué tanto piensas?
—Tu hermano se quiere divorciar —soltó Raina sin rodeos.
—Es normal. Tarde o temprano iba a pasar —comentó Iván, como qui