—Ciega... y encima terca —masculló Iván entre dientes.
La cargó en brazos y la acomodó en el asiento trasero con cuidado. Luego, le hizo una seña al conductor.
—Lleva el auto al Residencial Los Cedros —ordenó—. ¿En dónde la recogiste?
El chofer le mostró los datos del viaje en el celular. Iván les echó un vistazo y lo entendió todo.
El alcohol barato no pega de inmediato, pero cuando sube, no tiene piedad de nadie.
A la mañana siguiente, cuando Raina abrió los ojos, ya casi daban las nueve.
Habí