En una foto de hace siete años, Iván aparecía con una cámara en mano, siguiéndolas durante toda la competencia. No hacía falta adivinar a quién estaba apuntando.
Lo que sentía por Celia quedaba ahí, atrapado en papel, más claro que cualquier rumor.
Desde ese instante, Raina empezó a verlo todo con otros ojos.
A medida que pasaba las páginas, Iván volvía a aparecer una y otra vez: en las gradas, en algún rincón con la cámara colgada al cuello, siempre en segundo plano.
Era imposible no pensar en