Rita había llorado tanto que tenía los ojos rojos e hinchados. Miró a Raina y le acarició la mejilla con un gesto suave, casi maternal.
—Raina, eso ya pasó. No sigas escarbando ahí.
—Rita...
—No te voy a decir nada. Si no solté la lengua hace siete años, mucho menos lo voy a hacer ahora —sentenció. Y aunque se le habían pasado un poco las copas, en ese momento sonó totalmente lúcida.
Raina quiso insistir, pero al encontrarse con esa determinación tan clara en su mirada, se quedó en silencio.
Si