Los días siguientes en la isla se convirtieron en una rutina dulce y tranquila que ninguno de los dos había conocido antes.
Cada mañana, Valentina despertaba primero y se quedaba unos minutos observándolo dormir. Le gustaba ver cómo su rostro se relajaba completamente cuando estaba con ella. Ya no había esa tensión constante en su mandíbula, ni esa mirada alerta que siempre parecía estar esperando un peligro.
Alessandro despertaba poco después y siempre la buscaba con las manos, como si necesit