Valentina se plantó frente a la puerta, bloqueándole el paso con el cuerpo entero.
—No vas a salir por esa puerta —dijo con la voz temblorosa pero firme.
Alessandro se detuvo a solo un metro de ella. Su expresión era dura, de esas que usaba cuando no quería negociar.
—Valentina, apártate.
—No.
Él dio un paso más. Ella no se movió.
—Te lo estoy pidiendo por favor —dijo Alessandro, bajando un poco el tono—. Déjame hacer esto.
Valentina sintió que las lágrimas le quemaban los ojos, pero se negó a