Lucas Rafael Montenegro tenía veintidós años y estaba de pie en el balcón del apartamento que compartía con su novia en Madrid. Era una noche fría de noviembre de 2052. Las luces de la ciudad brillaban como estrellas caídas, pero su mente estaba lejos, en las playas cálidas de Santo Domingo.
Había pasado casi un año desde que decidió estudiar Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid. La decisión no fue fácil. Sus padres querían que se quedara en Santo Domingo para continuar con la f