Annika despertó luego de lo que le pareció una eternidad, desorientada, con cada parte de su cuerpo dolorido, con una sensación de ardor en algunas zonas de su piel debido a los azotes que había recibido, pero con una sonrisa que no podía borrar de su rostro.
Recordar lo que había pasado la noche anterior despertaba el fuego en su interior. No podía creer que un hombre tuviese tanta resistencia y creatividad a la hora del sexo. Kian, era sin duda, uno de los mejores amantes, un hombre que daba