Me contó por qué tenía el ojo morado, me puse en los zapatos de él, y más culpable me sentí, comprendí lo egoísta que he sido, cuando falté a mi matrimonio solo pensaba en mí, en vengarme de María Joaquina, jamás pensé en mis hijos.
Le ofrecí un supuesto matrimonio estable y ese era el mundo de mi hijo, así internamente estuviéramos quebrados, ante los ojos de mis hijos éramos su soporte. Supongo que era así en todos los matrimonios que tienen hijos. Ellos crecen con la base que nosotros le dam