—¡Dios mío! Ojalá todos los maridos fueran así al divorciarse. Me alegra no tener que pelear por defender los bienes de mi representante, aquí es, al contrario. —Sonreí por educación, ella lo notó—. Lo siento, tenía la ilusión que se hubieran arreglado, veo que no fue así. Mi tía me contó que tuvieron un fuerte percance en una reunión familiar. Desconozco el motivo.
—Me odia más que nunca. —Al menos la señora Susana fue discreta—. ¿Esta semana tendrás los cambios en el documento?
—Sí, el miérco